De la herramienta a la decisión: lo que dejó el curso de digitalización estratégica de Hispatec y Redagrícola

Entre el 25 de junio y el 9 de julio celebramos, junto a Redagrícola, el curso Digitalización estratégica de empresas agrícolas. Tres sesiones, varios centenares de asistentes conectados desde Latinoamérica y Europa, y ponentes que conocen el sector desde dentro: el campo, la planta de empaque y la sala de dirección. Lo interesante fue el hilo que unió las tres sesiones sin que nadie lo forzara y que resumimos en este post.

Sesión 1: la digitalización es un proyecto de negocio, no de tecnología

Abrió José Luis Molina, CEO de Hispatec, con una idea que recorrió todo el curso: la tecnología es un medio, no un fin. Se invierte en digitalización para obtener un retorno de negocio medible, no porque esté de moda ni porque lo haga el vecino. De ahí su recomendación de empezar por retos acotados, con un retorno claro en 6, 12 o 18 meses, pero sin perder de vista la foto completa: sé por dónde empiezo y sé a dónde quiero llegar.

Molina insistió en un punto que muchos comités de dirección reconocerán: se pierden horas discutiendo si el dato bueno es el mío o el del compañero de enfrente. Una organización que quiere competir necesita un dato único y compartido de principio a fin de la cadena, una cultura analítica que sustituya el relato por la evidencia, y un socio tecnológico que entienda el agro y trabaje a largo plazo. Los generalistas no sirven: nadie planta un frutal pensando en la campaña de este año.

El complemento perfecto lo puso Nicolás Meléndez, jefe de sistemas de Viñedos y Frutales (Chile), que tuvo la honestidad de contar un fracaso antes que un éxito. En una implantación industrial de 2011, el proyecto se torció no por lo técnico -el partner era solvente- sino por lo humano: poca comunicación previa, negocios poco implicados, una iniciativa impulsada solo desde TI y, lo más costoso, procesos mal diseñados que al automatizarse convirtieron el error en sistemático.

De ahí sus cinco aprendizajes posteriores:

  1. que TI sea un habilitador y no un imponedor;
  2. enamorarse del problema, no de la solución;
  3. gobernar el dato como una disciplina viva;
  4. definir fuentes únicas de información para acabar con el «mi Excel dice otra cosa»;
  5. y medir cada proyecto con indicadores alineados al plan estratégico.

Sesión 2: no se puede controlar lo que no se mide

La segunda sesión bajó al terreno del control de costos con Chema García Soto, especialista en dirección de proyectos de software para agronegocios. Su punto de partida fue una distinción que no siempre se hace explícita: la contabilidad financiera es para la hacienda pública; la contabilidad de costos es para nosotros. La primera nos la exige el Estado; la segunda no la exige nadie, y por eso quien la tiene gana ventaja, porque le dice de verdad dónde gana y dónde pierde dinero, por parcela, por kilo, por línea o por cliente.

García recorrió la estructura de costos en campo, planta y comercialización, y en las tres se repitió una palabra: volatilidad. La mano de obra suele ser el rubro de mayor peso, pero no el que más ha crecido; los insumos dependientes del petróleo -fertilizantes, fitosanitarios, energía, envases- han subido hasta un 70% en algunos casos, y la logística de exportación puede llegar a comerse el retorno completo del productor. Un dato para pensar: enviar un kilo de cereza chilena a Hong Kong equivalía al 48% del retorno en 2017; en 2025 supera el 100%.

Su conclusión fue un paradigma de tres piezas:

  1. registro en origen (el dato se captura donde se produce),
  2. registro único (una sola vez, no reintroducido en cada departamento)
  3. y gobernanza del dato (cada dato con un dueño que lo genera y un responsable que lo valida).

Y una frase para enmarcar: una gobernanza sin sistema es una buena intención, y un sistema sin gobernanza es ruido. Solo la combinación de ambos es control.

Soledad Santiago, coordinadora de planeación agrícola en Citrofrut (México), aportó la mirada de ingeniería. El campo, la planta, la logística y la comercialización no son islas: son un sistema, y el cliente compra el resultado del sistema completo, no el indicador de un área. Lo ilustró con casos reconocibles: cosechar dos días antes mejora el indicador del campo pero puede hundir el rendimiento en planta; un fertilizante un 20% más barato que exige una aplicación extra acaba costando más por tonelada. La pregunta útil, dijo, ya no es dónde recorto el costo, sino dónde aumento el valor para todo el sistema.

Sesión 3: la IA es un acelerador, pero el fruto va a su ritmo

La sesión final la dedicamos a la inteligencia artificial. Federico Bert, del IICA, la situó en perspectiva histórica: el agro ya atravesó otras transformaciones -mecanización, fitosanitarios, genética, geoposicionamiento- y ahora afronta la digital, que va un paso por detrás de otras industrias porque su cadena de valor es más compleja y diversa. Su mapeo con Embrapa identificó más de 2.600 startups agtech en 23 países de la región, más del 60% con soluciones digitales. El potencial es enorme, pero también las brechas: conectividad, habilidades digitales, tecnologías aún inmaduras. Su consejo fue rotundo y coincidente con el de Molina: no poner el carro delante del caballo. Primero el proceso que quiero mejorar; después, la tecnología.

Cerró Gonzalo Martín, Chief Product and Strategy Officer de Hispatec, con los tipos de IA que ya tienen impacto real en el sector: machine learning para predicción de cosecha, visión artificial para conteo y detección de plagas, IA generativa como interfaz en lenguaje natural, IA agéntica para automatizar procesos administrativos, optimización de packing e IA embarcada en maquinaria. El caso que mejor resume el salto: un supervisor fotografía una plaga por WhatsApp, y por detrás una cadena de agentes consulta el vademécum oficial, comprueba el stock disponible, genera la prescripción y la envía a los agricultores en segundos. Es el mismo software de gestión de siempre; lo que cambia es que ahora hay una capa que lo hace conversable. Martín subrayó, además, que todo esto solo funciona sobre una base de datos ordenada: sin data estructurada e integrada, la IA amplifica el desorden en lugar de resolverlo.

La idea que une las tres sesiones

Si hubiera que quedarse con una sola frase de las tres sesiones, sería esta: el valor no está en la herramienta, sino en el dato bien gobernado que se convierte en decisión a tiempo.

Las tres sesiones lo dijeron desde ángulos distintos. La estrategia empieza por el dato único y compartido; el control de costos exige registro en origen, registro único y gobernanza; y la inteligencia artificial solo aporta valor sobre esa base ordenada. Sensores, apps, modelos y agentes son medios; el fin es dirigir la explotación mientras todavía se está a tiempo de corregir, en lugar de mirar el resultado cuando la campaña ya terminó.

Esa es exactamente la filosofía sobre la que Hispatec lleva cuatro décadas trabajando: un dato único, registrado en origen, que fluye entre procesos y departamentos, desde el campo hasta la entrega al cliente. Es la condición previa para que la digitalización -y ahora la IA- dejen de ser una promesa y se conviertan en rentabilidad.

Gracias a Redagrícola por la organización, a los ponentes por su franqueza y a todas las personas que participaron con preguntas tan buenas que darían para varios cursos más. Si quieres una segunda edición, cuéntanoslo. Las puertas están abiertas.