“10 cosas que aprendimos en 2020 … y que no deberíamos olvidar”

José Luis Molina, Presidente de Hispatec, comparte sus reflexiones sobre algunas lecciones importante que el 2020, más que cualquier otro año, nos deja.

Hace 4 meses | Corporativas

Este artículo se publicó, primero, en el perfil de Jose Luis Molina en Linkedin.

Teletrabajo

Cuando en marzo tuvimos que confinarnos en nuestras casas en muchas zonas del mundo, parecía que todo se iba a parar. Pero no fue así.

Hubo una parte importante de los profesionales de todos los sectores que pudieron seguir trabajando. Al principio con dificultades, teniendo que mejorar las comunicaciones, el lugar de trabajo, las herramientas, las formas de coordinación entre equipos. Pero poco a poco, todo fue mejorando y nos fuimos acostumbrando.

También mejoraron rápidamente las herramientas y la organización. Y nos dimos cuenta de la cantidad de reuniones, encuentros o intercambios de información en los que no es necesario viajar, desplazarse ni contactar físicamente.

En paralelo, el uso del tiempo, la puntualidad, la duración de las reuniones, la efectividad de las mismas mejoraba. Aunque el contacto y la relación personal sigue siendo importante y deseable a muchos niveles, haciendo un uso inteligente del teletrabajo, podemos ahorrarnos muchos desplazamientos, costes, atascos, congestión en las ciudades, alquileres de oficinas, contaminación.

También podemos distribuir en el territorio de forma muy amplia a muchos trabajadores, para muchas de sus actividades y funciones. Esto abre todo un abanico de nuevas posibilidades para una organización más inteligente del trabajo, mayor libertad del individuo y poblamiento más disperso y enriquecedor del territorio.

Resiliencia

Posiblemente es la palabra del año 2020.

Y lo es porque ante un golpe como el de esta pandemia u otros similares que pudieran venir, es clave estar preparado. No se trata sólo de ser estoico mientras dure el temporal, y aguantar sin derrumbarse.

Es importante estar preparado para ello, y eso se hace cuando hay bonanza, cuando las cosas van bien, que es cuando hay que ahorrar, anticipar, diversificar, no endeudarse en exceso y prever los distintos escenarios, con sus impactos derivados. Los incendios se apagan en invierno, con prevención.

Esto es aplicable a individuos / familias, empresas o administraciones públicas.

El abuso permanente de los superlativos, las emergencias, el endeudamiento o vivir al día cuando hay bonanza, nos deja sin munición ni margen de actuación cuando vienen problemas de verdad.

Debemos empezar a prepararnos cuando las cosas van bien o simplemente son “normales”, para los grandes retos medioambientales, sociales, demográficos, económicos, y los contratiempos que puedan venir, que a nadie le quepa duda, vendrán.

Datos y digitalización

La digitalización lleva años avanzando, y los datos y su análisis cada vez se consideran más importantes para tomar mejores decisiones o como materia prima del desarrollo y la evolución de la Inteligencia artificial (IA).

Con la llegada de la pandemia, todo se ha acelerado mucho, y en muy pocos meses hemos avanzado el equivalente a años con el ritmo de avance que estábamos experimentando previamente. Es simple, pues el contacto directo, los desplazamientos y los soportes físicos han sido muy difíciles o imposibles.

En ese contexto, todo aquello que suponga intercambio de información, se ha digitalizado de forma muy rápida. Hablamos de intercambio de documentos, reuniones, firmas, controles, expedientes, etc.

El cambio tiene un retorno improbable, pues ha calado en la sociedad a muchos niveles, y nos hemos familiarizado de forma generalizada con muchas herramientas. Además, son muchas las ventajas de digitalizar completamente todos los procesos e interacciones, y a partir de ahí acumular volúmenes relevantes de datos a analizar, tomar mejores decisiones, entrenar los servicios de IA.

Dinero virtual

Aunque este es un proceso que llevaba ya años avanzando, la pandemia nos ha dificultado ir a cajeros, ha hecho ver el dinero físico como algo sucio, inseguro, han aumentado mucho las ventas a distancia, y con ello el uso del dinero virtual.

Ha sido el momento en el que segmentos relevantes de la población o de las empresas han empezado a usar dinero virtual, en sus distintas formas, en el 100% de sus transacciones.

La proliferación de aplicaciones como Bizum o Apps de pago móvil, la aceptación masiva en todo tipo de establecimientos y para cualquier importe de transacción, sin umbrales mínimos, han hecho el resto.

Este es un cambio que ha venido para quedarse y acelerar. Incluso hay gobiernos que están fijando fechas límite para el dinero físico, para su eliminación.

Suena lógico, pues en plena era digital, tendemos a eliminar papel, y el dinero lo es, una vez que plata y oro dejaron de ser su soporte hace ya bastantes años. Es el momento de que los gobiernos más visionarios animen a esa eliminación del dinero físico, animando a los ciudadanos y empresas con medidas como la reducción de la presión fiscal nominal (la presión de los que sí pagan impuestos) a las transacciones digitales, una vez que todas las transacciones pasen a tener un rastro digital, y por tanto puedan ser sujetas a imposición fiscal, con una previsible reducción de la evasión fiscal.

Sostenibilidad medioambiental

Durante unas semanas las ciudades, las carreteras e incluso las industrias, se pararon. Vimos escenas insólitas de fauna silvestre tomando los pueblos, las ciudades, pudimos disfrutar de entornos urbanos sin vehículos, sin ruido, sin apenas contaminación, los cielos estaban más limpios.

La necesidad de lograr una mayor sostenibilidad medioambiental de nuestras actividades económicas y sociales estaba ya bastante clara antes de la pandemia, pero con ella nos hemos parado a pensar.

Parece obvio que no es sólo una moda ni cuestión de postureo, lavado de cara medioambiental o de RSC.

Debemos afrontar de forma global y decidida los grandes desafíos medioambientales de nuestro tiempo: cambio climático, deforestación, pérdida de biodiversidad, erosión de nuestros suelos, proliferación de plásticos en el medio natural, contaminación de ríos, aguas subterráneas y mares, o polución del aire, entre otros.

Son retos globales, hay que analizar y reducir todos nuestros impactos, directos e indirectos, a escala planetaria, modificando y mejorando las actividades económicas de las empresas, los hábitos de consumo de los individuos o las políticas y actuación de los gobiernos.

Solidaridad

El mundo ha sufrido un shock, pero no ha sido simétrico en todas las actividades económicas y sociales. Ha habido ámbitos como los viajes, el ocio social, el turismo, la cultura, los eventos o cualquier segmento de actividad ligado a ellos, que han sufrido y lo siguen haciendo mucho.

En mayor medida en aquellos empleos y actividades más precarias o vulnerables. Mucha gente ha visto como sus ingresos se reducían drásticamente o desaparecían, a menudo sin contar con ahorros o con redes de protección social o familiar suficientes.

Los gobiernos han tomado algunas medidas, insuficientes en muchos casos, y en algunos simplemente no han llegado a quien de verdad estaba en situaciones más apuradas. En ese contexto, han sido muchos miles, millones, los ciudadanos y las empresas que se han movilizado, han aportado tiempo, dinero, esfuerzos, empatía y solidaridad.

Con donaciones a bancos de alimentos, ayudando a sus familiares, allegados o vecinos más impactados, reduciendo alquileres o precios de servicios básicos, generando empleos cuando han podido, aportando material sanitario o medios de muchos tipos. Es un buen ejemplo a seguir y profundizar.

El valor del mundo rural

El mundo ha vuelto sus ojos hacia lo rural, los espacios abiertos, el contacto cercano con la naturaleza. A pesar de las importantes restricciones a la movilidad geográfica impuestas por las autoridades, son muchos los ciudadanos que, para confinarse y teletrabajar, han decidido hacerlo desde entornos rurales.

Ya en octubre de 1918, durante la epidemia de la mal llamada “gripe española”, las autoridades civiles de Burgos decían “…estar en el campo el mayor tiempo posible, porque el aire libre, el agua y la luz, son los mejores desinfectantes en esta ocasión…”.

Un siglo después sigue siendo válida esa afirmación.

Son muchos los factores que pueden revitalizar el mundo rural en los próximos años:

  • la proliferación del teletrabajo, la mejora de los servicios digitales,
  • la atracción de muchos ciudadanos hacia la naturaleza,
  • la mejora de las telecomunicaciones de banda ancha en el 100% del territorio,
  • con distintas tecnologías y costes razonables,
  • la energía distribuida,
  • la movilidad eléctrica y renovable, con costes energéticos muy inferiores o los coches autónomos (en unos años).

Es importante que los gobiernos tomen medidas tangibles de fomento del mundo rural, como incentivos fiscales para los habitantes de zonas despobladas o incentivos a la generación renovable y autoconsumo en dichas zonas, por ejemplo. También lo es que las empresas favorezcan el teletrabajo y la movilidad geográfica.

Además, tenemos que abrir nuestras mentes sobre nuestros antiguos modelos de gestión territorial de la población, pues la movilidad va a aumentar mucho y cabe esperar que la revitalización de los espacios rurales tenga estacionalidad y mucha interacción urbano-rural.

Sector Agro: reacción ejemplar

El sector Agro sufre crisis muy frecuentes, casi permanentes, está acostumbrado a gestionar situaciones complejas. Cuando el marzo en gran parte del mundo vio abatirse una pandemia provocada por un virus que apenas conocíamos y de consecuencias poco previsibles, parecía que estaba llegando el fin del mundo.

El sector Agro venía reclamando desde mucho tiempo antes mejores precios, condiciones de trabajo dignas, mayor rentabilidad o normativas menos restrictivas. En esa situación límite, con riesgo de desabastecimiento de los mercados de consumo, la reacción del sector Agro fue ejemplar, olvidando todas sus reclamaciones y trabajando de forma eficiente y ágil para dar respuesta a los picos de demanda, y ayudando a mantener las cadenas de producción, transformación y comercialización en la mejor forma posible.

Y no sólo eso, sino mostrando toda su solidaridad con el resto de la sociedad, ayudando a desinfectar recintos o calles, haciendo donaciones a bancos de alimentos o incluso aportando material sanitario (mascarillas o alcohol). ¡Bravo por el sector!

EU Next: nueva oportunidad

Poco después de declararse la pandemia y ante el fuerte golpe económico que se avecinaba, la UE reaccionó y lo hizo bien lanzando de forma decidida su Agenda 2030 y su programa EU Next para impulsar una renovación de nuestro modelo económico y social, en el que la innovación, la digitalización y la sostenibilidad medioambiental sean las bases de ese nuevo modelo.

El programa EU Next se ha dotado con 750.000 M€ en el período 2021-2025, entre ayudas directas y financiación retornable en condiciones favorables, de los cuales 140.000 M€ se asignan a España.

Se considera básico que ese dinero llegue a las empresas privadas, que tienen que crecer, innovar, desarrollar tecnología, generar empleo y hacerse competitivas a nivel internacional. Ello supone una magnífica oportunidad para toda Europa y específicamente para España, muy golpeada económicamente por la pandemia y con un modelo productivo con bastantes debilidades y poca innovación tecnológica.

Es tiempo de apostar por las empresas tecnológicas, innovadoras, que aborden los grandes retos sociales y económicos, evitando tentaciones de aumentar el tamaño de las administraciones públicas o de asignar directamente estos fondos a grandes empresas oligopolísticas, muy alejadas de la tecnología y la innovación.

Un mundo global

La pandemia se inició en China con el comienzo del año. A finales del primer trimestre ya estaba en casi todo el mundo. No ha habido barreras efectivas ni medidas coordinadas que frenen la extensión de la pandemia. Se trata de un virus que afecta por igual a toda la humanidad.

Dan igual las fronteras, las banderas, los discursos, los nacionalismos. Cada vez más, los retos son globales, y las respuestas también deben serlo.

De poco o nada sirven los viejos nacionalismos o localismos, más absurdos cuanto más reducido sea su ámbito. Frente al cambio climático, la pandemia del coronavirus, la contaminación de los mares o el reto alimentario global, las recetas nacionales o regionales palidecen.